El Viejo Gastón

El viejo Gastón intentó levantarse esa mañana, justo en el momento en que sus piernas decidieron traicionarlo por primera vez. La caída le provocó un gran dolor. Semi-inconsciente en el piso. Luego vino la rutina de la tercera edad. La familia se dejó caer por montones, creando más problemas de los que resolvían. El doctor le dijo que serían 3 meses en reposo, acostado, sin salir, mas nada podía asegurar que volviera a caminar con normalidad. La sentencia lo desanimó. Era el fin de una era.

Los 4 primeros días fueron los peores. El atentado al autoestima y a la hombría de un viejo, criado en otra época, con otros códigos, con otra lógica, que significaba no poder levantarse de su cama, no es sencilla de comprender. Extrañaba el parque. Salir a caminar, alimentar a las palomas por horas y ver a los niños jugar con tierra. La nostalgia de la propia juventud. Su único consuelo eran los libros, las películas y su música. Ahora tenía montones, cantidades obscenas de tiempo para sus hobbies. Pero ya nada era lo mismo. El arte no se disfruta cuando es impuesto.

Ocurrió recién pasado el amanecer del quinto día. El viejo Gastón intentó incorporarse, como todas las mañanas, sin conseguirlo, pues le era imposible recordar su discapacidad temporal. Con calco a los días anteriores, las gotas de tristeza comenzaron a brotar de sus ojos, cediendo ante la impotencia de la vejez y la enfermedad.

Entonces los vio, parados en grupo junto a la ventana. Al menos una docena de palomas lo miraban a través del ventanal, situado justo al frente de su lecho. Algunas ululaban, otras se aseaban las alas con el pico, pero la mayoría sencillamente lo contemplaban. Él solo atinó a observarlos, sin emitir palabra, disfrutando la maravillosa experiencia del quiebre a la rutina, sin cuestionarse del motivo del fenómeno.

Pasados unos minutos, las palomas comenzaron a retirarse de a poco. Al final solo quedaba una pequeña que le parecía familiar, ululando despacito. Sostuvieron contacto visual por unos momentos, pero ella al fin retrocedió, ululó por última vez y volvió a su propia rutina de paloma. Le parecía familiar esa pequeña rezagada, lo que no tenía sentido, “si son todas iguales”, pensó.

Lo que el viejo Gastón ignora, a raíz de la triste incapacidad de comprender “palomo”, es que la pequeña paloma pasó los minutos finales de su encuentro intentando transmitirle el motivo de la masiva visita. “Nos preocupamos cuando dejaste de venir al parque. Te extrañamos. Cuídate mucho”, ululó mirando sus ojos de ser humano, antes de voltear y regresar a la vida.

Basado en una hermosa imagen que me enseñó una gran amiga.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s