Despedida

Termino de golpe el vaso de whisky y me preparo para entrar en el personaje. El animador nos presenta, los muchachos suben al escenario a ubicarse en sus instrumentos. Yo doy el tiro de gracia al subir con los brazos extendidos, formando un cristo, quien fuera Jim Morrison. El público se transforma de inmediato. Los 40 y tantos espectadores del bar aplauden y gritan en un descontrolado frenesí. Yo sé que me aman y que los domino a mi antojo, así como ellos saben que me aman y que los domino a mi antojo. Corre la primera canción y mi voz mantiene todo controlado, todo de acuerdo al plan.

Y entonces la veo. Sentada en primera fila, sola, con un Camel en una mano y una Corona en la otra. El corazón me dio un vuelco, tanto que casi olvido la siguiente línea de la canción. Mi concentración se va al piso. Trato de no mirarla, pero ya es muy tarde. Los intentos de restarle importancia ceden ante la inexpugnable oleada de recuerdos que inunda mi cabeza.

Recordé cuando la conocí. Aquella conexión inmediata entre nosotros. Inexplicable. Certezas a las que pocas veces se tiene acceso. Salimos varias veces, hasta que en esa decimosegunda cita, finalmente, pasamos la noche juntos. La mejor noche de mi vida. Pero a la vez, el peor despertar. Abrí los ojos y la vi vestirse. Caminó a paso firme y cruzó la puerta, sin mediar palabras ni desgastar explicaciones. Se fue y no regresó. Jamás volví a saber de ella. Poco se puede esperar de alguien que sacrifica lo que encontramos el uno con el otro. Poco puedes esperar de una persona tan perdedora que no puede darse cuenta que ha ganado.

Ahora está frente a mí. Pagando sus culpas con un aplauso. Pidiendo disculpas por todo lo que nunca dijo. Se queda sentada donde está, hasta el final de la canción, como si nada. Las miradas se malinterpretan, pero ella no las evita. Paradójicamente, nunca quiso venir a verme cantar, pero hoy llegó sin invitación, como un eco en mi conciencia. Hoy soy lo que fui siempre en su vida, una noche de debut y despedida. Al final de la última canción termina su cigarrillo, se levanta y vuelve a caminar con decisión, cruzando la puerta de salida nuevamente, y por última vez.

Para finalizar, debo aclarar que ésta no es la vida mía. Cualquier coincidencia… es pura fantasía.

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